domingo, 20 de agosto de 2017

FELIZ VERANO... IMBÉCILES.




P
erdonad que me asome por aquí solo unos instantes. No voy a molestaros mucho. Me despedí de la palabra escrita (por mí) hace mucho tiempo. Y fue un error. Yo escribía para no matar gente, y me ayudaba bastante en mi oculta guerra contra el impulso de exterminaros a todos con un Kalashnikov, ciertamente. 


           Siendo la Justicia un concepto creado por la mente del hombre (Voltaire, Stéphane Hessel, los Derechos Humanos…) que solo existe en sabe Zeus qué conexiones sinápticas dedicadas a almacenar la memoria a largo plazo, hay que concluir que no es nada que crezca en los árboles frutales ni hay ninguna variedad de trigo llamada «Justicia». Es un invento. Imprescindible, pero inventado. Totalmente ajeno al devenir de la Naturaleza, a la que se la sopla.

            Preguntadle a una cebra que está siendo devorada, aún con vida, por una manada de treinta leones. La pobre seguramente intentó llevar una vida de virtud, pero a la Naturaleza se le da una higa, lógicamente. Lo único que instala de serie en el cerebro animal (humanos incluidos) son instintos.

          Veo que hace pocas horas, unos cuantos gilipollas con poco más de diecisiete años han liquidado a trece turistas en Barcelona.

            Y veo que salimos todos, compungidos, heridos de dolor, al día siguiente a manifestar nuestro duelo (algunos, quizá los más consecuentes ni eso) durante un minuto. UN MALDITO MINUTO. Al menos ya sé en lo que valoráis la vida de un occidental: 0,22 segundos por cadáver. Cojonudo. Es mucho más de lo que hacéis por las decenas de miles de seres humanos sepultados para siempre en la mayor fosa común  del planeta: el mar Mediterráneo.

            Por supuesto, a la cabeza de todo, el rey nuestro señor, con presidentes y caterva de seguidores, asesores y sacristanes que cobran (así a ojo) a unos trece euros la sonrisa (pongamos diez sonrisas diarias por lameculos, multipliquemos por un mes y dividámoslas por cuatro mil euros de media). Acojonante.

            Entonces, durante un minuto, UN MALDITO MINUTO, estos tipos se ponen los trajes y las corbatas de luto, se cariacontecen y esperan a ser fotografiados. No os engañéis, no es otro el objetivo: que el objetivo los recoja. 

            Claro, la foto que puebla las portadas de la prensa mundial es esa. No la del minuto posterior; que es cuando se vuelven oscuros y sigilosos a seguir con su veraneo de mariscadas y albariño, como no podía ser menos. 

            Pero no os equivoquéis, ellos son solo un reflejo, una sombra, una caricatura, de nuestra elección ilustrada y empeñada en poner al mando de una de las mayores potencias europeas a unos tipos que, al menos, parezcan más tontos que nosotros, para seguir tranquilitos con nuestras vidas, nuestros chanchullos, nuestros pequeños y graciosos delitos cotidianos, sobre todo contra la Hacienda Pública. 

            Imaginad que nos da por votar a alguien capaz, a una mente preclara, lúcida, por ejemplo a un Einstein. Se monta el Dos de Mayo. En cuanto este lúcido gobernante conozca los datos, los hechos, los manejos de nuestra caterva al mando (pero no solo de ellos, la nuestra también) la primera medida de su ejecutivo sería reinstaurar la guillotina. 

              Iban a faltar vuelos para huir del país. 

          Porque a ver, ¿de dónde han sacado el dinero esos cuatro gilipollas imberbes que de haber podido hubieran volado la estatua de Colón? Exacto, seguid la pista del dinero.

            Y decidme a dónde os conduce. Acertáis de nuevo. A una serie de fortunas, amasadas con sangre (todas se amasan así, desde nuestro padre Adán), que pueblan la península arábiga (pero no solo) y a las que nuestros monarcas y jefes de estado rinden puntual pleitesía justo el día después de que, por un poner, un par de esos augustos príncipes vestidos de seda haya organizado una orgía con niños y niñas de doce años. O sus fuerzas policiales le hayan arrancado las uñas en vivo a uno que se atrevió a opinar sobre algo. 

            Todo muy democrático y ejemplar. 

           Le comentaba a un buen amigo el otro día que, en no tardando muchos siglos, tengo la esperanza de que al igual que la homosexualidad dejó de considerarse una enfermedad mental por la OMS en 1990 (sí, mil novecientos noventa) las religiones, TODAS, sean incluidas por la OMS en la lista de trastornos mentales alucinatorios,  descrito su tratamiento y detallada su cura.

            Aunque pensad por un instante, por un poner, en la «Madrugá» sevillana semanasantera. No creo que estos ojos que han de abonar la tierra lleguen a verlo. 

            Supongo que nadie leerá esto. Mejor. A mí me la bufa y a vosotros os la sopla. 

            Os la sopla junto con el delicioso vaso de cerveza helada que os estáis soplando. Pero no es que no os preocupen los temas sociales, no. Ahora mismo tenéis una enorme preocupación por la tardanza en serviros el plato de pescaito que habéis pedido. 

            Disfrutad y rezad para que el Mediterráneo siga sin secarse.

            Que entonces sí que vamos a correr. 






jueves, 11 de febrero de 2016

AGRADECIDO...



… y emocionado (que diría la Morgan), pongo estas líneas al viento para que ondeen al céfiro que toque. […]. «Este adiós no maquilla un ‘hasta luego’, este ‘nunca’, no esconde un ‘ojalá’» […] (que también diría el maestro Sabina). Han sido cinco años escribiendo este cuaderno de bitácora, de aprender mucho y enseñar poco; para mí, desde luego, altamente provechosos.

            Ahora, voy a descansar del articulillo cachondo, que la actualidad se me indigesta. Quieras que no, el comentar los sucedidos en esta letrina patria, te va impregnando el alma de ese olor agusanado y tóxico. Se harta uno hasta de los que quieren «tomar el cielo por asalto» para luego exhibir pajaritas y esmoquin en las galas del sábado. No digo ya de la olla podrida de gaviotas azules. O de los sultanatos del Sur (quizá, «susanatos»).

            Apestan.

            Uno de los narradores por excelencia, Juan Marsé, decía que «la actualidad, a la hora de escribir, más bien estorba. Y hoy más que nunca». No es que uno (ni por asomo) espere escribir algún día el Ulysses de Joyce (por suerte para todos, quizá…), pero si algo más sale de mi teclado me agradaría que estuviera lo menos contaminado posible.

            Me gustaría hacer cosas distintas y más distantes.

            Y puede que alguna vez termine de cabrearme y aplique la máxima de mi querido Bukowski: «Find what you want, and let it kill you». Y me retire a algún sitio cerca del mar a hacerlo. Si lo hago será buena señal, desde luego.

            
             Así que a todas. A todos… gracias por venir.




lunes, 14 de diciembre de 2015

NAVIDADES MARIANAS




E
n estas fechas tan señaladas de mazapán y lotería, cuando se reúnen las familias al amor del hogar, y suenan los villancicos, no quiero dejar pasar la ocasión de desearos, con todo mi cariño… que os parta un rayo. 

A todos no, solo a la mayoría. A los cómplices de la mayoría inabsoluta que va a sacar Mariano dos días antes de que canten los niños de san Ildefonso.

Mariano ya ha ganado. Y lo supo cuando escribió aquello de «Luis, lo entiendo, sé fuerte. Mañana te llamaré», y al día siguiente no sacamos las guillotinas. Por eso no se inmuta.

Así que recibid, hermanos y hermanas en Cristo, mi más sincera felicitación navideña. Que el ángel de la guarda del ministro del Interior (Marcelo) os guíe por el camino recto durante el año que comenzamos en breve.

Y como dice la maldición china: «Ojalá os toque vivir tiempos interesantes».

Feliz 2016.





viernes, 27 de noviembre de 2015

A TENER EN CUENTA...





C
uando escribo esto, parece que es la víspera del famoso «Black Friday». Otra esplendorosa costumbre con su barbarismo que nos colocan los anglos y los sajones, referida al día en que se inaugura la temporada de compras navideñas. ¡En noviembre! (bueno… ya podéis encontrar lotería de Navidad en agosto en vuestro chiringuito playero, tampoco es nada del otro mundo).

Esto del Blac Fraidai, en los EEUU se corresponde con la jornada siguiente del Día de Acción de Gracias. Aquí este año cae en el día 27 de noviembre, san Facundo Mártir. Lo cual que estamos en época de chamuscar las tarjetas bancarias.

            Claro que para ello se tienen que dar tres circunstancias:

                        -Tener cuenta en un banco.
                        -Disponer de una tarjeta asociada a ella.
                        -Gozar de saldo disponible.

            Que desde el crack de 2007 no son ya condiciones detentadas por el común de los mortales de occidente. Hasta entonces sí, cualquier ganapán tenía un tarjetero más largo que el santoral. Yo mismo, llegué a tener cuatro tarjetas de crédito (incluyendo dos Visas Oro que te rilas). Hoy solo conservo una y de débito. Y no la llevo por la calle, le tengo puesto un altarcillo en casa y a veces le rezo.

            El hombre, por su natural inventivo y su manía de continuar con vida, no para de darle vueltas a la cabeza cuando aprietan los fríos financieros. Así que descartado el dinero de plástico se pasa uno a la única opción crediticia para casos de urgencia: la autorización de descubierto en cuenta.

            Es un sistema verbal, fácil, rápido y caro (como todo lo bancario). Pero tiene una premisa sine qua non: tienes que conocer al director de tu sucursal. Y sobre todo, el director de tu sucursal te tiene que conocer a ti (eso es sencillo, con solo apretar un botón el sistema informático le canta hasta lo que hiciste el último verano).

            El único inconveniente es que hay que estar dotado de un cierto espíritu comercial, o sea saber venderse a uno mismo. No se puede llamar a Manolo, nuestro director, un lunes, a las 08:30 de la mañana, que estará recién abierta la sucursal, y el hombre tendrá cara de jabalí acorralado, la mesa llena de problemas aplazados desde el viernes (Manolo es muy español) y acechando al primero que se le acerque para joderlo bien. No.

            La primera premisa es empatizar con Manolo. Verlo como si fuera nuestro jefe. ¿Qué día irías a pedirle a tu jefe un aumento,… un par de días libres? Un viernes al mediodía, por supuesto. Cuando ya Manolo está enterrando en las carpetas del lunes todas las mierdas irresolubles, y desde la ventana le llegan los efluvios de las jibias plancha del bar de enfrente que le chorrea la salivilla por el fondillo del pantalón.

Ahí apareces tú.  

          Bien, pues la llamada tiene que producirse ese viernes entre las 13:00 y las 13:45 (nunca antes). Y hay que haber dedicado la tarde del jueves a preparar un guión, incluso, si hemos practicado ante el espejo algo de lo que en la técnica comercial se conoce como Role Playing (o sea una simulación de la situación), miel sobre hojuelas.

     Os puedo extractar algo del manual sobre Las mejores excusas para autorizaciones de descubierto:

            1.- Estoy esperando una transferencia que no llega.

            Esta es muy común. Manolo está harto de oírla, pero siempre le queda la duda de si tú serás el ÚNICO cliente que no le miente. Aunque es una excusa-condón. De un solo uso. A Manolo no lo engañas dos veces.


            2.- ¿Que no me han ingresado la nómina todavía?

            Bueno, esta… si a Manolo le ingresaran un euro por cada vez que la oye… Es muy de usar cuando te acaban de despedir y todavía no te han ingresado la primera mensualidad de la prestación por desempleo (Manolo lo comprobará, ya te lo digo yo). Si tenéis mucha mucha confianza con Manolo y está ese día sembrao, puede que os regale la preguntita de qué día te la ingresan:

            —El cinco.
            —Por el culo te la hinco.

            Pero ya ha pocos directores así.

            3.- Oye, que tengo que sacar el coche del taller que se le partió la junta de  trócola y engranó el buje de la magneto. Me cobran un pastizal.

            No os inventéis cosas. Porque puede ser que Manolo tenga como hobby la mecánica y lo cabreéis. Y esta excusa es buena porque se puede utilizar cuatrimestralmente, además de hacerle creer a Manolo que os puede colocar un préstamo al consumo para un coche nuevo. No la queméis.
             
4.- Mira que se me ha muerto una tía abuela y he heredado una casa pero tenemos que ir mañana a pagar el impuesto de sucesiones, porque el otro heredero vive en Ejea de los Caballeros y se va.

Esta es buena. No matéis tampoco a más de dos tías abuelas, que Manolo es buena gente pero
un día se os cabrea y os pide la esquela por fax.

5.- Escucha, que el lunes mismo te lo ingreso, este fin de semana he quedado con mi cuñado para ver el fútbol y me va a devolver los 1.000 euros que me debe.
Ni se os ocurra. Que Manolo puede ser un cachondo y a lo mejor os hace que lo invitéis al partido para veros la cara de pánfilo cuando el cuñado no os pague.


Podríamos seguir un buen rato, en mis tiempos de bancario he visto cosas que no creeríais. Pero dejadme que os de un último consejo:

Os van a soplar unos 40 euros de comisión de descubierto sin epidural, más los intereses de descubierto, más las comisiones que el director tenga a bien aplicarte salidas de sus partes nobles. Manolo no os está haciendo ningún favor, hace negocio, y muy bueno. Y encima tiene que parecer que le debéis la vida para que Manolo se sienta tranquilo.

Así que no pidáis un descubierto de 100 euros porque solo podréis sacar unos 50, con suerte… Think Big.




domingo, 13 de septiembre de 2015

LA ESPE



L
a esperanza mata. No hay duda. Al menos yo no la tengo. Y llevo ya más de cincuenta representaciones de Este año lo consigo…, la obra teatral que cada uno representa en el teatro de la vida. Y oye, que siga muchos años en cartel y vosotros que lo veáis. Ahora, que te digo yo que no. Es una maldición maravillosa, pero tiene los mismos efectos que la droga.

            Supongo que es un sentimiento intrínsecamente humano. Pongamos un perro. Un perro no tiene esperanza, vive un feliz presente continuo (sin ser yo filólogo ni nada de eso, se lo tendré que consultar al mío de cabecera, que por fin ha vuelto a las Españas para regocijo de los que estamos desasnándonos en el castellano). O sea, un perro debe tener en mente solo dos tiempos verbales creo, bien el presente bien el pretérito perfecto (pero un pretérito rapidito que se le olvida): como/he comido, trisco/he triscado. Además del presente continuo que en castellano dicen que se forma con la perífrasis «estar + gerundio»: Estoy comiendo/estoy triscando. O sea, una feliz acción presente en curso.

            El modo subjuntivo para un perro debe ser como la «conjetura de Poincaré» para este cura que os escribe.

            Su única preocupación ante un objeto o situación es:

            ¿Se puede jugar con él? ¿Se puede comer? ¿Se puede montar? Y todo esto… ¿se puede hacer AHORA?

            Caso de no ser así, un perro lo descarta o lo entierra y pasa a otra cosa tan feliz como si no hubiera existido nunca la preocupación anterior. Así, la sabia evolución natural, ha dado al perro la posibilidad de mover el rabo y al hombre no. Ya que mover el rabo en modo subjuntivo sería harto complicado.

            Pues bien, el hombre usa tantos tiempos verbales en su cabeza (menos algunos ejemplares del hombre rupestre —sin intención peyorativa alguna para el Homo Abderitensis— que subjuntiva el presente: «ganemos el partido» por «ganamos el partido») que a veces no sabe cuál escoger. Desde que nos volvimos inteligentes cuando nos expulsaron del paraíso por la jodida manzana (que más tonto no se puede ser, porque si el Árbol del Bien y del Mal hubiera dado jamones de bellota, pues oye...) andamos perdidos los «adanes» rebotando contra cada peñasco que nos pone el Supremo Guionista. Las «evas» menos, porque ellas vienen con más inteligencia de serie y mejor terminadas, no cabe duda.

Ando ahora embarrado con La divina comedia y no encuentro mejor definición conceptual que la que usa el Dante a las puertas del infierno: « ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! ». Una frase con la que quizá nos debería recibir la matrona que nos ayuda a venir al mundo. Porque como dice mi respetado Arturo Pérez-Reverte, la vida es un territorio hostil. Y no hay nada más hostil que el infierno. Acostumbramos al olvido feliz, pensando que el universo se compone de nuestras bonitas calles europeas asfaltadas, limpias y vigiladas por una policía que nos librará de los malos. Y no. Os daré unos datos curiosos para jodernos el día:


En mi caso, os puedo decir que la esperanza no se cuenta ya en cantidades significativas entre mi acervo.

 Y en su uso como sinónimo de ilusión, yo hace tiempo (como unas ocho empresas) que decidí que mi vida no iba a ser mi trabajo, porque ninguna de mis diversas ocupaciones me han dado la ilusión de poner la vida en ellas. Solo de ganármela. El trabajo es solo una de las cosas que hago. Y como no soy investigador de textos clásicos del siglo IV a.c. o de un laboratorio para secuenciar el ADN de la proteína que cure el cáncer, o bien, alfarero (esos trabajos sí podría amarlos), pues considero la labor diaria como una herramienta que me proporciona atún, pan, queso y gasolina. O sea, para mí, el trabajo es un escoplo que (sudando) me ayuda a comer. Lo que viene a ser una suerte de «cuchara» social. Una herramienta no más valiosa que la escobilla del váter.  

Y he cambiado muchas veces de cuchara. Son prescindibles, se oxidan y jamás se me ocurriría enamorarme de una.  

            Quizá la fe religiosa (que ya sabéis queridos niños y niñas que es una de las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad) sea una especie de esperanza diferida, prestada, entregada a un ser trascendente (o amigo imaginario, aunque en este caso hablaríamos de esquizofrenia, excepto que sean millones los seguidores, en cuyo caso se llama religión), que nos evita luchar por algo. Más cómodo es, desde luego.

            Por ejemplo, un opositor que fía más a la esperanza, en sus versiones de advocación mariana, escapularios, patas de conejo o estampitas de fray Leopoldo, antes que al trabajo riguroso… ya debería saber el resultado de su examen. Es como ir a la guerra con un crucifijo y sin armas. Porque incluso en el caso de que se hayan pasado cientos de horas de estudio, ni siquiera así tiene asegurado nada. Solo la oportunidad de competir en igualdad con los poquísimos que sobrevivirán a la matanza.

            Y conste que soy sumamente respetuoso con los adultos responsables que deciden seguir «jugando a los muñecos» (como suelo llamar a la devoción por las imágenes o los Geyperman) durante toda su vida racional; bueno, me molesta un poco que corten las calles en Semana Santa para pasearlos, pero comprendo que, si incluso el poderoso Poncio Pilatos en sus tiempos de gobernador de Judea y de representante imperial del César no se atrevía a dictar algunas penas de muerte sin la aquiescencia de los oscuros brujos del Sanedrín, hoy, finiquitada ya hace tiempo la primera década del siglo XXI se siga teniendo en cuenta.

            Al emperador Napoleón se le daba una higa la religión, pero la consideraba útil para el control de masas.

            No quiero que nos quedemos con un sabor de boca amargo, queridos parroquianos. Tampoco es eso. Estoy con Saramago en que si estudiamos la historia del hombre sobre la Tierra no hay muchas razones para tener esperanza, vale. Pero cuando veo a los niños yendo al cole con una sonrisa me recupero un poco.

            Porque tengo la esperanza de que mi filólogo de cabecera les de clase. 



viernes, 20 de marzo de 2015

SONETOS EN ZAPATILLAS (II) Teresa



No hay lugar en tu oído a la pereza,
ni en tu boca tiene hueco la apatía.
Tu sonrisa es tribunal que amnistía
el sufrir de la gente, en su tristeza.

Y ese aro colorao de tu oreja,
farolillo color de la alegría,
ilusión de la rota Andalucía.
Roteño el primer llanto de Teresa.

Pelean los pendientes en su arqueta                   
por lucir en tu pelo de tormenta;                   
por viajar siquiera en tu maleta.                        

Uno solo prendido,… se contenta.
Si son dos, carnaval en la Caleta.
Todos quieren lucirte, Presidenta.



jueves, 19 de marzo de 2015

¡LOS QUE VAN A VOTAR OS SALUDAN! (II) ¡Elecciones andaluzas, quillo!





E
sto os sonará: Andalucía, como nacionalidad histórica y en el ejercicio del derecho de autogobierno que reconoce la Constitución, se constituye en Comunidad Autónoma en el marco de la unidad de la nación española.  

De haberlo leído por ahí, me vengo a referir. Concretamente en el Estatuto de Autonomía, artículo primero. Hasta ahí bien. Pero lo que no reza el Estatuto es que la forma de gobierno sea la democracia «costalera». O sea, Ntra. Sra. de San Telmo (que vendría a ser la presidenta) y sus apóstoles arriba, y los demás a costal, cargando con todos ellos; parándonos cada cuatro años en la estación de penitencia a que les canten una saeta electoral. 

Al menos yo no lo he visto.

Y van TREINTA Y TRES AÑOS.

Y es que Sevilla (que tiene un color especial y sigue oliendo a azahar) este año tiene dos ferias de abril: una la oficial y otra esta misma semana que culmina con la traca de las elecciones el domingo 22 de marzo. Andan los candidatos/as, asesores, pagafantas y demás fauna recorriendo el Real de la Feria y la calle del Infierno, caseta a caseta, pueblo a pueblo, con su traje de lunares de propuestas y sus batas de cola de imputados.

Que después vendrá el calvario. Viene la Semana Santa y ahí los podremos ver con devoción de torrijas y lágrimas recorrer todas las cofradías del voto para pactar y hacerse un selfie con el Santísimo Cristo de la Mayoría Suficiente.

            Eso es así, en general. Como para enmarcar un poco el bodegón.

            Ahora bajemos a las bodegas del asunto.

            El próximo domingo, veintidós de marzo de dos mil y quince (festividad de san Epafrodito) se celebran elecciones al parlamento andaluz. Que se compone de 109 diputados y diputadas; a cada provincia se le asigna un mínimo de ocho diputados (8 provincias son 64 diputados) y el resto (45 diputados) se asigna proporcionalmente a la población. Lo que hace un total, según el decreto de convocatoria de:

            Almería…      12
            Cádiz…          15
            Córdoba…    12
            Granada…    13
            Huelva…        11       
            Jaén…            11
            Málaga…       17
            Sevilla…         18

                        Total: 109.
           
Así que la mayoría absoluta (el rodillo, vamos) se sitúa en 55 diputados (el cielo nos libre…).

La circunscripción electoral es la provincia. Y no se tienen en cuenta las candidaturas que no obtengan un mínimo del 3 por ciento de los votos válidos emitidos en cada circunscripción. Así por ejemplo, los que votasteis al partido «Alternativa Motor y Deportes», que obtuvo en las autonómicas de 2012 un total de 362 votos… pues es como si hubierais practicado el onanismo forense. O sea, leches.

Dependiendo de dónde viváis, vuestro voto «vale» más o menos. Cuanta más  población tenga vuestra provincia menos vale el voto. No porque los tontos vivamos más juntos, eso es que es así desde que se inventó el Régimen del 78 (pero no os lo van a contar en los telediarios, claro). Por ejemplo, el voto de Carlos Juan Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo (actual duque de Alba), suponiendo que tenga vecindad administrativa en Sevilla, vale menos que el de un jornalero del olivar de Jaén. Algo es… oye.

Esto puede tener otra lectura, si vuestra provincia tiene una población mayoritariamente urbana, el voto rural «pesa» muchísimo. Sevilla, con casi dos millones de habitantes en su provincia, concentra casi un millón de habitantes entre la capital y sus poblaciones cercanas (voto urbano, cada candidatura necesita muchos más votos); siendo el resto poblaciones de pocos miles de habitantes (pero con mucho poderío y salero), que (perdónenme los parroquianos) con un mitin, una paella y un polideportivo es más fácil «canalizar» el voto que ahí sí que tiene un gran peso relativo. De ahí se explica que el alcalde de Sevilla sea del PP y en Brenes del PSOE. Por simplificar un poco.

Como siempre, tenemos varias opciones:

1.- Voto a una candidatura.
Llevas tu DNI y tu persona física al colegio electoral y votas. Tu voto suma a la candidatura elegida.

2.- Voto en blanco.
            No introduces nada en el sobre, y votas. Esto hace que tu voto se sume al total de sufragios válidos emitidos sobre el que se calcula la distribución de escaños, elevando el número de votos necesarios en cada provincia para obtener un diputado. O sea, ayuda a los partidos grandes y perjudica a los demás.  

3.- Abstención.
            No vas a votar, porque eres un tío que se ha leído a Bakunin y a Kropotkin y vives retirado en una cueva reflexionando. O que te vas a Cazalla de la Sierra de barbacoa, vamos.
            En este caso, tu no-voto no modifica el resultado electoral. Pero siempre beneficia más a los votantes más movilizados (sea por cuestión de no perder los garbanzos o por razones ideológicas).
           
 4.- Voto nulo.
            Este es el de los cachondos/as que metéis una rodaja de chorizo en el sobre, o modificáis la papeleta añadiendo la candidatura de Chiquito de la Calzada. Tampoco modifica en nada el resultado electoral. Pero si es  gracioso saldréis en la prensa.


            Por repasar un poco el menú de los comicios, si sois de usar un solo hemisferio cerebral (perjudicados de ver mucho Sálvame de Luxe o similar) podéis votar al bonito bipartito. Bien a Susana o al Juanma (vaya por delante mi respeto a los/as que los votéis por convencimiento programático, que igual hay alguien…).

            Susana Díaz Pacheco (40 añitos), candidata del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía (ah, espera, que ¿ya lo es?…), es una trianera de raza de las de «Triana puente y aparte». Licenciada en Derecho por la universidad de Sevilla, terminó su carrera en tan solo 10 años, ya que desde jovencita en la uni,  hace como unas 25 primaveras se movía en las Juventudes Socialistas como pez en el agua. Y tan bien se movió «la pececilla» que los «grandes tiburones» (Chaves y Griñán) están a puntito de ahogarse en el océano de la imputación mientras ella flota, salta y caracolea sobre la espuma de las olas de Matalascañas. Casó en matrimonio canónico con José María Moriche en la capilla de la Esperanza de Triana, advocación de la que los dos son muy devotos y él costalero; cosa que siendo como es de su vida privada, a vosotros y a mí se nos daría una higa, si no fuera porque es curioso que el consorte (que aparece en la investigación judicial de los famosos cursos de la UGT por haber trabajado en ellos) trabaja actualmente en una cadena de librerías que proveen (¡oh casualidad!) a Canal Sur. Blanco y en botella.

            El Juanma. Candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía del  Partido Popular (que aunque parezca lo contrario no es Rajoy el que se presenta) es un chaval que cae bien. Monísimo y simpatiquísimo. Pero para yerno. A mí me recuerda al Luisma, el de la serie Aida. Pero menos listo y con menos gracia, eso sí. Este muchacho también tiene una vida académica curiosa. Según las biografías oficiales del Congreso de los Diputados pasó de ser Licenciado en Dirección y Administración de Empresas en el año 2000 a no tener ni siquiera titulación universitaria en 2008. El extraño caso del «currículum menguante» (Ver).

            Vayan por delante mis mejores deseos a los dos.

            Y ahora ya podéis ejercer vuestro derecho al voto, queridos niños y niñas, con un poco más de conocimiento de causa. Pero os rogaría que lo hicierais razonadamente, con prudencial sensatez.

            Emitid un voto del que os sintáis orgullosos/as. Que podáis defender en cualquier duelo dialéctico de la tostada de media mañana. Porque en definitiva, el voto es como la ropa interior: libre (algunas/os no llevan), directo (se usa y directa a la lavadora) y secreto (menos cuando se puso de moda en el insti llevar el tanga por fuera). Luego ¿Se va a poner una las bragas de diario ese domingo? ¿O esos calzoncillos de la mili con los que limpias la moto? No. Ponte lo más bonito que tengas. Por si triunfas…





PD. Como último dato, se acaba de descubrir que, mientras la mayoría de los andaluces nos fajábamos contra la crisis día tras día, estos bandíos se subieron el sueldo (Ver).